Tesoros escondidos

¿Qué tesoros esconde la basura de los guatemaltecos?

Por Gabriel Rustrian

El basurero o relleno sanitario de la zona 3 fue fundado en el año de 1,953. Dentro de sus muchas particularidades se encuentra su tamaño; cubre aproximadamente la longitud de 22 estadios de fútbol juntos. Las 3,500 toneladas de basura que ingresan al vertedero  diariamente representan una oportunidad de subsistir para los mineros, guajeros y recicladores cuyo número se calcula cercano a las 1,500 personas. Este grupo de habitantes está conformado por familias enteras que se dedican de lleno a la labor de recolección desde hace muchos años y muchas generaciones. Para la correcta interpretación de este relato, es necesario que entendamos específicamente las labores a las que se dedica cada grupo de personas.

La fuente de trabajo de los recicladores es el cartón, el papel, el plástico, la chatarra, el cobre, el vidrio y el aluminio. La mayoría de recicladores compra lotes o libras de estos materiales previamente recolectados (aunque algunos todavía prefieren el método tradicional que consiste en hacer la recolección por ellos mismos) y los procesa hasta llevarlos a su etapa más reducida, la materia prima. Las personas que se dedican a este oficio se clasifican en dos grupos, aquellos que venden la materia prima a las industrias y aquellos que fabrican materiales a partir de lo que ellos mismos han procesado.

Los guajeros son los que se dedican de lleno a la recolección de basura y despojos desechados por los residentes del departamento de Guatemala. Dentro de este grupo se encuentran las personas que consumen alimentos en descomposición poniendo en riesgo su vida y la de su familia.

Las personas que llegan a lo más profundo del vertedero, hasta el río de aguas negras, se denominan mineros. Hurgan dentro de las aguas malolientes y espesas del río La Barranca en busca de oro, plata, cobre y otros tesoros que posteriormente venden para ganar un poco de dinero.

Una tarea ardua que produce su recompensa

Conozco el trabajo de la mina desde los 5 años y ya tengo19, expresa Jairo Ismael Hernández, un joven que no teme poner en peligro su vida y se autodefine como un mil usos.   Minear es un trabajo muy arriesgado ya que esto significa buscar oro, plata y cobre en las aguas negras que desembocan al finalizar el relleno sanitario. Mi padre me llevó a minear desde pequeño y me enseño el camino por el cementerio de la colonia La Verbena, desde entonces así lo seguí haciendo. Mi viejo ha trabajado durante treinta años de minero y así nos pudo sacar adelante. A pesar de esto yo trabajo de todo; hago lociones, mineo, conduzco tuc-tuc, en fin, hago cualquier cosa para ganar dinero, declara.

Un lunes, hace dos años y en época de invierno bajé al barranco. Era una temporada difícil pues mi esposa estaba embarazada y tenía que pagar las consultas y ultrasonidos. Con mucha necesidad me metí al cauce del río de aguas negras y en menos de una hora quedé  sorprendido. Me saltaba el corazón de emoción porque entre mis dedos tenía una cadena de oro con un anillo entrelazado. En el anillo venía con una perlita blanca. Dejé todo tirado, mi pala, mi piocha y mi costal. Salí corriendo para mi casa, y  cuando llegué le dije a mi mujer -mija ya tenemos para que nazca él gordo y para su ropita-. En la joyería me dieron 14 mil quetzales  por ambas cosas porque la cadena era de oro de 14 quilates.  El anillo era también de oro de 18 quilates. Otra sorpresa fue saber que la perlita blanca del anillo era un diamante. Hasta me alcanzó para comprar mi moto de agencia, nos cuenta con entusiasmo.

Jairo sostiene que no tiene necesidad de tener un trabajo a tiempo completo. En un buen día de trabajo su ganancia mínima es de 100 quetzales y solo trabaja seis horas. De acuerdo a su experiencia, la mejor temporada para realizar su labor es el tiempo de invierno. El riesgo es alto pero, cuando cae la lluvia, el afluente del río remueve la basura dejando solo los objetos pesados, en donde se encuentra el metal. También ha tenido experiencias malas. Ha sido testigo de varios derrumbes y experimentado la muerte que deja en el lugar. Cuenta también que su padre tuvo un grave accidente al bajar al río hace algunos años. Se dañó gravemente el pie izquierdo y la columna vertebral, desde entonces está incapacitado para realizar tareas complejas.

Lo que encuentro frecuentemente son dientes de muertos que me imagino que son de los cadáveres que estaban en los mausoleos que se han caído del paredón del cementerio de la zona 3, relata sin inmutarse.

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