Entre peras y manzanas

Comparar no es más que establecer semejanzas y diferencias entre dos o más cosas. Esta práctica se ha vuelto necesidad del ser humano para medirse y medir algo más y así llegar a saber lo que a su juicio es mejor.

Los guatemaltecos somos prestos a comparar todo y cuanto nos cruce por enfrente, esa es nuestra naturaleza, lo que nos han enseñado desde niños. Las decisiones se toman en base a diferenciar y concluir lo que queremos.

Pero ¿hasta dónde es posible el punto de comparación? no se puede hacer una relación entre el sabor de una manzana y una pera, como sería improbable contrastar nuestra política con la de una nación desarrollada porque, aunque a simple vista se parecen en el fondo dista una de la otra.

Todos quisiéramos una mejor administración, buenos dirigentes y un presidente excelente, pero no hay que olvidar que hemos sido criados diferente a los habitantes de otras naciones. Somos expertos culpando de nuestros errores a los demás, gritando cuando algo nos molesta y durante mucho tiempo callamos las injusticias.

Es allí donde se vuelve improbable contrastar nuestro modelo de gobierno con el de países como Suiza, Canadá u Holanda considerados por Transparencia internacional como algunos de los mejores para vivir, con menor índice de delincuencia y bajos niveles de corrupción.

Qué podemos esperar, si hemos obviado escándalos e inexperiencia política dejándonos llevar por nuestros impulsos al momento de elegir en las urnas, porque para los que quieren alcanzar el poder, no somos más que materia a la que pueden manipular.

El escritor y periodista italiano Alberto Moravia escribió: curiosamente los votantes no se sientes responsables de los fracasos del gobierno que han votado, algo que olvidamos a menudo, y es porque hemos mal utilizando el derecho que nos fue dado hace 32 años y siguiendo el ejemplo de nuestros vecinos del norte dimos poder a quien no se lo merece, al inhábil que hizo un buen uso de sus dotes actorales.

Muchos fantaseamos con una utopía siendo gobernados por Trudeau o  Putin, olvidando la diferencia abismal en educación y valores, esas características que nos hace mejores personas para el mundo, mientras la batuta de nuestro país la lleva quien en los últimos 6 meses ha tenido 8 solicitudes de antejuicio en su contra y  no se perturba pues tiene apoyo en el Congreso.

Sabias son las palabras del escritor irlandés George Bernard Shaw: la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que merecemos, pues son nuestras malas decisiones las que cada 4 años nos hacen convertir al país en un circo del que no podemos escapar.

Comparar a nuestros gobernantes con los de países avanzados solo nos hará sentir decepción, tristeza y frustración. Para lograr un cambio significativo es necesario transformar el sistema, educar a nuestros niños, dejar de preocuparnos sólo por nosotros mismos y pensar en el futuro.

 

 

Este artículo es responsabilidad del autor, no del medio.

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