Irresponsabilidad social. El cáncer silencioso que padece Guatemala

Por Gabriel Rustrian

Guatemala lleva muchos años sufriendo problemas sociales graves. Violencia, delincuencia, injusticia, corrupción, falta de oportunidades, bajos niveles educativos, falta de abastecimiento en los hospitales, por nombrar algunos, hacen su aparición en las portadas de periódicos y en los titulares de noticieros. No es necesario hacer un análisis tan exhaustivo para encontrar las raíces del problema. Saltan las alarmas y todo parece indicar que el pecado más grande del guatemalteco es vivir en una sociedad irresponsable.

El diccionario define la palabra irresponsable cómo una persona que obra o toma decisiones sin hacerse responsable de lo que hace. ¿Le sonó alguna campanita? Estoy seguro que tanto usted como yo nos hemos topado con alguien así por la calle, en el trabajo o en la universidad. Aquí en Guatemala quien hace menos y obtiene más es considerado cabrón, o sea, desgranando el coloquialismo, astuto e inteligente.

Vamos a poner algunos ejemplos cotidianos. El guatemalteco está varado en el tráfico y para acortar camino, toma una calle en sentido contrario para ganar tiempo. La mayoría de paisanos aplaudirán su astucia pero en el fondo, el acto cometido por nuestro protagonista es irresponsable. Otro ejemplo que vemos a diario por las calles es el padre modelo que transporta a su familia de cuatro o cinco integrantes en una motocicleta. ¡Pobrecito, es que no tiene dinero para comprar un carro! , ¡pobrecito, es que vive muy lejos! , en este acto, donde la pobreza realmente reside es en la mente del piloto irresponsable que pone por encima su necesidad de transporte a la integridad física de su familia.

Hablemos del ámbito universitario y estudiantil. Usted debe leer un libro muy importante para el examen del día de mañana, prefiere perder el tiempo viendo televisión o saliendo con los amigos. Minutos antes del examen descubre que uno de sus compañeros tomo notas sobre el libro para facilitar el análisis. Decide tomar prestadas las notas y darles un vistazo, una calentadita, solo para tener frescos los conceptos y obtener los puntos de la evaluación. Días después recibe su calificación, no es una calificación perfecta pero si regular, está satisfecho. ¿En dónde reside el problema? En que usted disfrazó un comportamiento mediocre de un acto de astucia. Su cabeza no será capaz de reflexionar y analizar lo leído, se olvidará pronto de los conceptos aprendidos, no tendrá la capacidad de inferir la información consumida y contrastarla con la realidad. Su acervo personal no crece y en resumen, cuando usted sea profesional, será uno más de los que engruesan la lista de irresponsables.

En el interior del país y en familias de escasos recursos la situación no es muy diferente. En muchos hogares se viven situaciones de violencia casi siempre a causa del alcohol. El padre de familia es agricultor y trabaja para vender su cosecha, que no es mucha, y obtener un poco de dinero para asistir a las necesidades de la familia. A menudo es coaccionado por amigos para emborracharse, actividad en donde gasta sus ingresos de manera irresponsable. Esta persona no tuvo acceso a la educación y también proviene de un núcleo familiar destruido razón por la cual su formación económica también es nula. Cuando nuestro personaje arriba a su hogar, subyuga a su conviviente haciendo uso de la violencia, esto es observado por sus hijos que crecen con esta imagen y los marcará de manera independiente durante toda su vida. Los hijos, fruto de hogares violentos, son resentidos y huidizos, crecen con la herida del padre.

Cuando llegan a la adolescencia este resentimiento se transforma en rebeldía. Si a muchos les sorprende por qué las maras han cobrado fuerza en el interior del país es que son totalmente ajenos a la situación descrita con anterioridad. Un joven rebelde y con antecedentes de violencia familiar buscará el apoyo de otros jóvenes como el y sin darse cuenta, empezará a delinquir. Lo más grave no son los robos y las extorsiones si no los crímenes de lesa humanidad. Para estas personas no basta el asesinato, debe perpetrarse de manera cruel y muchas veces, inhumana. ¿Por qué actuaría alguien con humanidad cuándo su propia humanidad le fue arrebatada en la juventud?

Estos jóvenes adolescentes también engendran y de manera irresponsable. No tienen ánimo alguno de formar un núcleo familiar ya que el propio fue destruido. Se marchan y delegan la completa responsabilidad de la crianza en la madre o bien, se quedan y forman un hogar violento y turbulento. Estas acciones violentas serán observadas de nuevo por los pequeños repitiendo así el ciclo.

¿Quiere provocar un cambio? Sea responsable. Transmita a los demás este valor, pague sus cuentas a tiempo, remunere de manera justa al empleado, aprenda a utilizar el crédito, cuándo pida dinero prestado devuélvalo en el tiempo estipulado. Si parquea en la calle, asegúrese que el parquímetro tenga crédito, si viaja a algún destino turístico pague la cuota de mantenimiento. No saque ventaja, no sea tramposo, no sea irresponsable. La única forma de salvar la Guatemala del futuro pasa por la enseñanza de estos valores a las próximas generaciones. ¡Ya hace falta! Guatemala lo merece.

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